
Solía hablar lo mismo siempre. La miraba y no entendía el paso del tiempo.
Se preguntaba como era que podía llegar a ese extremo. Cuál extremo? De extrañala, de necesitarla, de saber porque tenía la capacidad de adivinar la respuesta que esperaba, estaba ahí, en sus labios. La buscó. En vano, pero la entendió y la apreció más que antes.
Recordó la locura, la histeria, las vueltas, sus frases, sus cosas, solo recordó. Porque no pudo revivir nada...
Ahí se quedó, sentado, preguntando y pensando en lo que anhelaba en realidad.
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